La economía de Arandas atraviesa un periodo de estancamiento tras la fuerte caída en el precio del agave, cultivo que durante años fue el principal motor económico del municipio. Lo que a finales de 2023 representaba una etapa de bonanza, hoy se ha convertido en un escenario de incertidumbre para productores, comerciantes y familias.
Hace apenas unos años, el kilogramo de agave alcanzaba precios de hasta 25 pesos, generando una importante derrama económica en la región. Este auge se reflejaba en mayor consumo, apertura de negocios y una percepción generalizada de prosperidad. Sin embargo, a partir de ese mismo año comenzó un descenso sostenido que ha impactado directamente en la dinámica económica local.

Actualmente, el precio del agave ronda entre los 5 y 6 pesos por kilogramo cuando se vende directamente a fábricas tequileras. En algunos casos, al venderlo a intermediarios —conocidos como “coyotes”— el precio puede caer incluso por debajo de los 2 pesos. Esta drástica reducción ha provocado una disminución notable en el poder adquisitivo de los agaveros y, en consecuencia, en la circulación de dinero dentro del municipio.
A pesar de este panorama, los costos fijos no han seguido la misma tendencia. Las rentas de locales comerciales se mantienen elevadas, lo que dificulta la operación de muchos negocios que ahora enfrentan menores ingresos. Esta combinación ha generado presión económica en distintos sectores y ha frenado el crecimiento que se había observado en años recientes.
Durante el auge del agave, no faltaron las críticas hacia los productores, especialmente en redes sociales, donde se les señalaba por la supuesta destrucción de cerros. Sin embargo, especialistas y habitantes locales coinciden en que muchos de esos desmontes también respondían a otros usos, como la expansión urbana o la preparación de terrenos para distintos cultivos.

Hoy, con una economía menos dinámica, el impacto se percibe de manera generalizada entre la población. Comerciantes, prestadores de servicios y trabajadores dependen en gran medida del flujo económico que generaba la industria agavera, por lo que la caída en los precios ha tenido efectos en cadena.
De acuerdo con expertos del sector, no se espera una recuperación significativa en el corto plazo. Estiman que podrían pasar al menos ocho años antes de que el precio del agave vuelva a niveles elevados. Esto se debe, en gran parte, a que la sobreproducción continúa: cada año se planta más agave del que la industria tequilera demanda.
Incluso en 2026, es posible observar nuevas plantaciones en distintas zonas, impulsadas por la disponibilidad de hijuelos que actualmente se están regalando. Esta situación podría prolongar el desequilibrio entre oferta y demanda, manteniendo los precios bajos por más tiempo.
Ante este escenario, una de las principales incógnitas entre los arandenses es cuándo volverá a presentarse un nuevo “boom” del agave. Mientras tanto, el municipio enfrenta el reto de adaptarse a una economía menos dependiente de un solo cultivo y buscar alternativas que permitan reactivar el crecimiento y la estabilidad financiera de la región.
