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Continúa la crisis del agave: productores abandonan cultivos y buscan alternativas ante los bajos precios

La fuerte caída en el precio del agave continúa afectando a los productores de la región de Los Altos de Jalisco, donde cada vez es más común observar parcelas abandonadas o terrenos en los que los agricultores han comenzado a retirar las plantas para destinar las tierras a otros cultivos más rentables.

De acuerdo con productores especializados en el cultivo de agave, actualmente las fábricas están pagando entre 4 y 5 pesos por kilogramo, mientras que algunos introductores ofrecen apenas entre 1 y 2 pesos por kilogramo, cantidades que resultan insuficientes para cubrir los costos de producción.

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Los agricultores señalan que, considerando gastos como renta de tierras, mano de obra, fertilizantes, insecticidas, fungicidas y otros insumos necesarios para el desarrollo del cultivo, producir un kilogramo de agave tiene un costo aproximado de 5 pesos. Esto significa que muchos productores están vendiendo por debajo de sus costos o, en el mejor de los casos, obteniendo márgenes mínimos de ganancia.

La situación contrasta con los altos precios registrados hace algunos años, cuando el agave alcanzó valores históricos y provocó una expansión acelerada de las superficies sembradas. Sin embargo, desde diciembre de 2023 comenzó una marcada caída en los precios que se ha mantenido hasta la fecha.

Especialistas del sector consideran que la recuperación será lenta y estiman que durante los próximos tres años difícilmente se observará un repunte importante en el mercado. Incluso, señalan que si los precios logran recuperarse, es poco probable que superen los 10 pesos por kilogramo en el corto plazo.

Ante este panorama, numerosos productores han optado por dejar sin atención algunas plantaciones, mientras que otros han comenzado a retirar el agave para aprovechar sus tierras en la siembra de otros cultivos que actualmente ofrecen mejores expectativas económicas.

La crisis del agave representa uno de los mayores desafíos para las regiones productoras, donde miles de familias dependen directa o indirectamente de esta actividad que durante décadas ha sido uno de los pilares de la economía local.