Perfiles

Profesor Alfonso Fonseca Fonseca: Cronista de Arandas

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“El motivador de nuestro interior es uno mismo, es el insólito fulgor del corazón, es un manantial de preciosidades siempre y cuando no insinúe desprecio hacia los demás”. Tomado del libro “Un rincón de mi memoria”.

Aún se le recuerda, pero sobre todo se le extraña. Para la familia de su prima Josefina Fonseca Durán, el profesor Alfonso Fonseca Fonseca sigue siendo un personaje querido, un manantial de conocimiento y un recuerdo que aún no muere.

Hablar de su vida llevaría páginas y páginas, sin embargo existe una idea que puede resumirlo todo: él fue un hombre que guardó la historia de Arandas y la elevó a la eternidad.

Esta satisfacción que consiguió con esfuerzo propio, con nada se puede comparar. Las personas tienen un destino y Fonseca ya lo tenía marcado desde su nacimiento que ocurrió un tres de agosto de 1936. Fue el cuarto hijo. Su madre fue Agustina Fonseca Flores que siempre fue su compañera. Su padre, Manuel Fonseca Fonseca quién falleció cuando Alfonso tenía cuatro años.

Posteriormente y después de haber estudiado la primaria en alguna escuela del municipio arandense, Fonseca consiguió su primer trabajo a los siete años como mozo por nueve años consecutivos en el convento de Las siervas de Jesús Sacramentado, religiosas que fundaron el colegio del Sagrado Corazón de Jesús en 1911 y que ahora lleva por nombre colegio Nueva España.

Ya en 1954 su familia se dispersó debido a que sus hermanos se fueron a Guadalajara. Él se quedó en Arandas para ingresar al telégrafo local como mensajero con un sueldo de 282.00 pesos mensuales. En este lugar Fonseca aprovechó para estudiar la clave Morse y de esta manera logró hacerse telegrafista.

Después, quien sería años más tarde cronista de la ciudad, salió de Arandas; quedó atrás a su persona, pero en su interior este pueblo se afianzó en primerísimo lugar. Él obtuvo el segundo lugar en un concurso de telegrafistas realizado en Atotonilco. El premio era trasladarse a la Ciudad de México donde sufriría su primer reto profesional ya que debía agradar a su jefe inmediato. Así lo hizo y conforme pasaron los años se convirtió en uno de los mejores telegrafistas del país.

Transcurrieron varios años hasta 1987, cuando se jubiló. Pocos años antes cuando el presidente municipal Raúl Álvarez (1983-1085) estaba dirigiendo los destinos del municipio, se le invitó a participar como cronista de la ciudad. Por supuesto aceptó de inmediato comenzando así su verdadera obra. Él permaneció en el Distrito Federal por razones meramente culturales y a la espera de su jubilación. Ya teniéndola en sus manos y ante la incomodidad de la situación decidió venirse a vivir aquí junto con su hermana y su inseparable progenitora quien según cuenta su prima Josefina, nunca estuvo cómoda, ella prefería haberse quedado en la Ciudad de México.

Profesor Alfonso Fonseca Fonseca

Además habría que destacar, cuando llegó, el click  emocional fue tan grande con su prima que ya nunca se separó de ellos. “Cuando llegó aquí de inmediato se acopló a nuestra forma de vivir debido a que nosotros somos gente sencilla y lo único que buscábamos era su plática, su amistad, su sabiduría. Mis hijos lo quisieron mucho y aprendieron mucho de él. Quizás si hubiéramos tenido otro interés, él de inmediato se hubiera separado de nosotros”, comentó Fonseca Durán.

La vida del profesor Alfonso Fonseca en Arandas fue muy gratificante ya que además de ser el cronista de la ciudad participó en varias actividades, en televisión, como profesor de la Preparatoria Regional de Arandas, como escritor y además, colaborador de Noti-Arandas desde su nacimiento, hace quince años.

Un dato a destacar es el peculiar cariño que tenían su madre y él. “Yo nunca había visto que alguien quisiera tanto a su madre y Poncho era esa persona. Por su parte ella era muy celosa con él e incluso cuando ya estaba enferma me hacía ir con ella en la camioneta para esperar a que saliera de dar clases. Ya cuando se hacía presente el profesor la primera palabra que se escuchaba era “palomita”, nombre con que llamaba a su madre”, mencionó Josefina entre risas.

Ya cuando fallecieron su madre y su hermana, Alfonso Fonseca se refugió en la familia de su prima. Su vida transcurría de una manera envidiable. Por las mañanas se levantaba directamente a la computadora a plasmar sus ideales, sus sueños. Después almorzaba un licuado “muy sustancioso” (decía él) y sus famosos “mantequiles”, una combinación culinaria poco ortodoxa. Más tarde se iba a dar clases a la preparatoria. Saliendo de ahí iba a la plaza a platicar o simplemente a observar su ciudad, su vida. En la tarde llegaba con la señora Josefina a comer, regresaba a dar clases y de vuelta con su prima para platicar horas enteras. Finalmente regresaba a su casa para descansar y vivir otro día más.

Entre sus aficiones (por supuesto además de las culturales) se encontraba el dominó, una actividad que lo tranquilizaba y que a la vez lo hacía renegar ya que casi siempre perdía ante su primo político. Otras de sus aficiones era ir al rancho acompañado de su familia, donde lo más atrayente para él era la naturaleza, misma que fue plasmada en sus escritos e imágenes.

Lamentablemente en el 2005, la vida se fue de repente y cuando nadie lo esperaba. “La verdad yo nunca creí que se fuera tan pronto ya que se cuidaba muy bien.  A fines de año me dijo que no iba  asistir a la cena que realizábamos como una costumbre porque tenía un dolor en la espalda. Yo le dije que se atendiera, pero como siempre fue muy terco, siempre respetuoso, pero terco me dijo que sí, pero no cuándo. Tristemente se nos fue y la verdad es que se le extraña porque nosotros siempre lo quisimos y durante los quince años que estuvo con nosotros le aprendimos mucho y lo llegamos a considerar como parte de nuestra familia, a otro nivel”, finalizó la señora Josefina.

Hoy recordamos a la figura más importante de Arandas en la época contemporánea a nivel cultural, pero lo más importante es no dejar morir su obra ni su recuerdo.

Publicado en el tomo 1 de Perfiles de mi tierra colorada en septiembre de 2006.

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