Perfiles

Manuel Anguiano Covarrubias: Al servicio de la sociedad

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Hablar de Manuel Anguiano Covarrubias es hablar de deporte y apoyo a la sociedad arandense. Él trajo el futbol organizado a la ciudad, fue pieza importante en la conformación de los medios de comunicación y por supuesto (junto con su padre) crearon una de las primeras empresas locales, misma que le daría trabajo a más de cien familias. Ahora y ya con varias experiencias sobre su hombro, Manuel nos abre las puertas de su hogar para protagonizar una de las charlas más motivadoras para aquel que quiera sobresalir en la vida.

Anguiano nace un ocho de junio de 1932 en la ciudad de Guadalajara. Como en la mayoría de los casos para todas aquellas personas triunfadoras, su infancia fue difícil teniendo que trabajar desde muy pequeño ya fuera cuidando coches cerca del primer centro nocturno de Guadalajara o arreglando muelles.

“De mi adolescencia lo que recuerdo con mucho aprecio es mi trabajo en la farmacia ya que ahí me nació el gusto por andar en bicicleta. Todo aquello estaba empedrado. Nosotros estábamos cerca de la Calzada Independencia. En la bodega donde repartían medicina nadie quería ir a la calle 50 que era el último rincón de la ciudad. Yo siempre aceptaba porque me encantaba recorrer los lugares sobre dos ruedas. Poco tiempo después muere mi madre y de ahí me traslado a la empresa Pascual, siendo el último trabajo antes de entrar de lleno a trabajar con mi padre”.

El tiempo transcurre y comienza el destino real de Manuel. Llega a la ciudad de Arandas debido a que en Guadalajara su padre Don José Anguiano Anzaldo trabajaba en una fábrica de tacones con José Zaracho, quien al escasear la madera decide trasladar su pequeña empresa a tierras arandenses, misma que fue instalada en la calle Morelos y Aldama. Manuel venía cada que había vacaciones siendo su primera vez en 1945.

“Después de varios años, en 1952 decido quedarme definitivamente aquí porque mi papá así me lo pidió”. Desde ese momento el ir y venir de la fábrica de tacones fue una verdadera aventura para Anguiano. “Ocurrió algo muy chistoso. José Zaracho decide trasladar de nueva cuenta su fábrica a la Ciudad de México. Posteriormente como no le va bien se regresa a Arandas a la calle Zaragoza. De ahí, a mi padre le ofrecen un mejor salario en la empresa El Árbol. Él por supuesto acepta la oferta. Los cambios siguen y José Zaracho le ofrece ser socio y ahí venimos otra vez a Arandas. Como si ésto no fuera suficiente, nos regresamos al Distrito Federal porque a mi padre (que había creado varias máquinas para la rapidez en el trabajo) le ofrecen mejor salario aún cuando él ya era socio de la fábrica de tacones. Finalmente al año y medio y de una forma increíble José Zaracho termina vendiéndole la fábrica a mi padre, trabajando ahora sí por su cuenta y yo siendo su mano derecha en todo momento”.

Este comentario sin duda hace llegar los más gratos recuerdos de Manuel con su progenitor. Con orgullo deja salir las lágrimas de sus ojos. Después de unos instantes cambia su conversación hacia una de sus pasiones más grandes: el deporte.

El ciclismo fue parte fundamental de Anguiano, ya que le fascinaba recorrer la Ciudad de México. Además otro de sus deportes favoritos era el futbol, mismo que trajo de forma organizada a la ciudad de Arandas cuando se quedó a radicar de manera definitiva.

“A mí me gustaba mucho jugar al futbol. Yo jugué en las fuerzas básicas del Oro y del Atlas. Era medio y extremo derecho por lo regular, pero a mí me podían poner donde hiciera falta. En 1945 cuando empecé a venir a territorio arandense traje una pelota grande y nos poníamos a jugar los que trabajábamos en la fábrica de tacones en plena calle. Después traje ahora sí un balón y en la calle Morelos que estaba empedrada todos nos divertíamos. Poco a poco nos fuimos trasladando hasta llegar al terreno detrás del Santuario donde están las ladrilleras (siendo éste el primer campo de futbol en Arandas). El entusiasmo fue creciendo hasta el punto en que los taconeros fueron la punta para la creación de la Trinca Guinda, misma que fue integrada por todos aquellos que nos apasionábamos por este deporte en ese tiempo. Lo más importante que hemos tenido hasta la fecha fue cuando fuimos tres veces subcampeones. Aquí sucedió algo curioso, ya que yo junto con otros dos compañeros de equipo estábamos por casarnos y no lo podíamos hacer hasta que quedáramos eliminados. Así fue y derrotados en el campo, nos casamos”.

Manuel Anguiano Covarrubias

No conforme con estos logros, Anguiano también ha sido uno de los propulsores más importantes de los medios de comunicación arandenses. “A mí siempre me gustó la fotografía y creo que fui de los primeros en tomarlas de forma instantáneas en la calle. Tiempo después y ya con mi laboratorio, enseñé a revelar a José María Lozano e Ismael Limón, con los cuales llegamos a forjar una buena amistad, compartiendo proyectos laborales como la gaceta mensual llamada Arandas (encargo del presidente municipal en aquellos tiempos). Años más tarde con la creación de la revista Tierra Mía y después el semanario Noti-Arandas, José María Lozano me invita a participar como colaborador y por un tiempo como director de dicha publicación. Hoy en día gracias a este esfuerzo y el trabajo por varios años de “chema” puedo considerar a Noti-Arandas como la mejor publicación de la ciudad. Actualmente escribo en El Espectador y creo que lo seguiré haciendo hasta donde me lo permitan”.

Después de una intensa charla llena de recuerdos, alegrías y tristezas; Anguiano muestra sus trofeos, desde la presea Medina Ascencio recibida en el 2003 hasta el collage obsequio de su sobrina. No le queda a Manuel más que la tranquilidad de una vida entregada al servicio de la sociedad arandense. Asegura estar más feliz ahora y no queda duda de esta afirmación; así tiene que ser y más cuando las cosas se han hecho de la forma correcta.

Publicado en el tomo 1 de Perfiles de mi tierra colorada en septiembre de 2006.

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