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Juan Zavala: Una vida de trabajo

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Presume una vida llena de satisfacciones. Su manera de vivir es algo que muchos reconocen. Juan Zavala Díaz es un comerciante que siempre ha estado dedicado a su trabajo. Desde los siete años su madre lo indujo al comercio vendiendo dulces y hasta la fecha no ha parado. Quizás don Juan es uno de los hombres más activos del municipio y esto no es cualquier cosa.

Zavala Díaz nace un ocho de marzo de 1945. Su padre fue el señor José Isabel Zavala Tavarez y su madre la señora María del Refugio Díaz. Él tuvo cinco hermanos de los cuales tiene recuerdos muy gratos debido al cariño que se tenían entre sí. “Mi infancia siempre fue de mucho trabajo. Yo fui pobre, soy pobre y seguiré siéndolo. Recuerdo que a los siete años comencé a trabajar por la calle Zaragoza, en la que aún sigo viviendo. A mí en lo particular desde pequeño me gustó vender, ya que es satisfactorio cuando reconocen tu trabajo. ¿Cómo lo hacen? Comprando tus productos”.

La adolescencia para Juan Zavala fue prácticamente igual que su niñez. El trabajo era el motor de su vida y estaba dedicado en cuerpo y alma. “Ya de joven también trabajé en establos, en granjas, en el campo, de albañil y de voceador. Como se dice vulgarmente, he hecho de todo y a nada le he atinado”.

Su vida amorosa no podía pasar inadvertida. Él conoce a su esposa en la calle un día que la vio caminar de frente. Ahí le nació el amor de inmediato. “Como he sido un personaje humilde que me he dedicado al comercio, repasé mucho para hablarle porque pensaba que no me iba a hacer caso. Pensé que ella era mucho para mí. Después de un tiempo y cuando me decidí a hablarle me encontré con una mujer amable y que de inmediato me respondió positivamente. De novios duramos ocho meses y yo desde antes ya sabía que me quería casar con ella, pero no se daba cuenta. Al fin se lo propuse y aceptó. Nos casamos en 1972 en la parroquia de Santa María de Guadalupe. Gracias a Dios hoy seguimos juntos y felices. Tuvimos tres hijas y cuatro hombres, de los cuales me siento orgulloso porque han sido personas responsables y dedicadas en lo que realizan. Quiero mencionar por otro lado que en los comienzos de mi matrimonio las cosas fueron complicadas en cuanto a la economía, pero en mi mentalidad no. A mí me ha gustado ser un hombre emprendedor y ser decidido tomando el toro por los cuernos”.

Después de casarse Juan Zavala se inicia un año después en el negocio de la comida. “Quiero decir que cuando empecé, yo no vendía lonches. Por la calle Francisco I. Madero a un costado de la cooperativa de los camiones amarillos yo vendía tacos de guisado. Incluso me gustaría comentar que cuando estuvo de presidente el licenciado Liborio Martínez nos quisieron quitar a los comerciantes que estábamos en la calle argumentando que en ese tiempo estaban haciendo el mercado chico y ahí nos quería reubicar. Quiero agradecer a la cooperativa que me protegió y me dejó que me instalara en el interior de sus oficinas.

Ellos querían que les diera de comer a sus trabajadores, a su pasaje y a ellos mismos. Después de que me quedé ahí y ya con la clientela que me fui formando se me prendió el foco y comencé a vender lonches. Esto lo pensé porque gracias a Dios he tenido suerte para el comercio y hubo un momento en que llegué a tener de 25 a 30 personas de un jalón por la mañana. Así las cosas, para yo despachar más rápido decidí calarle con las tortas. Recuerdo que empecé con cinco panes y rápidamente fui aumentando hasta que finalmente ya vendía puros lonches. De hecho, hay personas que pueden avalar mis palabras. Es curioso y quiero mencionarlo; antes no vendían tortas en Arandas, sólo pan con cajeta y los famosos calmantes que les llamaban (tacos con tortilla muy delgada). Entonces creo que fui uno de los primeros en hacerlo, sobre todo los lonches de lomo”.

Al ver que Juan Zavala era todo un éxito en el comercio, muchas personas se decidieron a vender lo mismo haciéndole competencia; no obstante, la sazón y forma de atender lo hicieron que creciera más debido a las comparaciones. “Entre más se ponían a vender lo que yo hacía (porque les atrajo a todos) más me compraban a mí. La gente comparaba entre uno y otro. Aquí quiero mencionar que no me gusta este tipo de entrevistas ya que a lo mejor muchos pensarán que quién me creo para decir estas cosas, pero la verdad es que así sucedió”.

Juan Zavala: Una vida de trabajo

El tiempo pasó y Juan Zavala por muchos años no se movió de ahí. Su clientela ha sido siempre fiel y lo sigue hasta donde él va. Hace poco tiempo Juan sufrió un accidente y duró incapacitado un promedio de cuatro meses. Al querer levantar el puesto se fracturó la columna. Obvio que después de tanto tiempo de estar inactivo Zavala se sentía desesperado. Ya cuando tuvo el alta médica decidió instalarse en un local que se encuentra por la calle Niños Héroes y como es de esperar la gente lo siguió. “No necesité hacer propaganda. La gente sabe lo que ofrezco y me sigue a donde voy. Eso para mí es muy gratificante”.

Hoy el fruto de su trabajo ha tenido réditos. Sus hijos han seguido sus pasos y ya se les puede observar siguiendo el oficio de su padre. “Este orgullo también lo quiero compartir con mi esposa que ha sido mi brazo fuerte y que siempre ha estado conmigo en las buenas y en las malas. Un ejemplo es que ahorita me está ayudando en el puesto que pusimos y cada vez que lo requiero está ahí para apoyarme y aconsejarme. Me siento contento y lleno de vida. La verdad es que nunca me he arrepentido de nada y mi trabajo ha sido lo que me ha movido siempre. Espero tener la fortuna de seguir haciéndolo, porque de esa forma me siento útil y con ganas de vivir”.

Ahora Juan Zavala se va a su local para seguir haciendo lo que más disfruta. Su mujer lo acompaña y sus hijos lo observan. Para ellos su padre es un gran orgullo; para los arandenses la tónica no es diferente, ya que se le reconoce su esfuerzo y dedicación. Sin duda Juan Zavala es un verdadero ejemplo de vida.

Publicado en el tomo 1 de Perfiles de mi tierra colorada en septiembre de 2006.

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