Perfiles

J. Trinidad Álvarez: La vida al servicio de los demás

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En marzo de 1998, Arandas quedó de luto. Se fue uno de los hombres que más le dio a este municipio espiritualmente, uno de los más queridos. Hablamos por supuesto del Señor Cura J. Trinidad Álvarez, quien estuvo al pendiente de su comunidad en todo momento y se caracterizó por su entrega, pasión en lo que hacía y sobre todo, resultados que lo convierten en ejemplo para cualquiera.

Para hablar sobre él no hay nadie más cercano que su sobrino Fernando Álvarez Álvarez, médico de profesión. Álvarez, con una gran sonrisa y un ramillete espiritual de su tío colgado en la pared como fondo de la entrevista, comienza diciendo quién era el sacerdote.

“Yo puedo platicar lo que era para mí el Señor Cura. Prácticamente la convivencia más fuerte que tuve con él fue hace unos 15 años, cuando yo llegué a Arandas e incluso en ese tiempo viví en el curato por un espacio de tres o cuatro años, donde lo llegué a conocer de una manera más directa ya que vivimos en el mismo techo”.

Según Álvarez la jornada del sacerdote era titánica ya que se levantaba a las cinco de la mañana, y se iba con los adoradores. Posteriormente se encargaba de las labores propias de su sacramento. A las ocho y media iba a la parroquia a realizar sus actividades, volvía a comer a las dos de la tarde y para las dos y media ya estaba de vuelta atendiendo a quien se lo pedía. Agregó que el pastor de Cristo tenía la disponibilidad de atender en el horario que fuera a cualquier persona, y a veces hasta dejaba de probar los alimentos por escuchar a su comunidad.

Siguiendo su rutina, a las ocho de la noche, después de cenar, Trinidad Álvarez volvía con los adoradores para terminar a las once o doce de la noche. Además, el sacerdote tenía un día de “descanso” (los miércoles), que lo ocupaba arreglando las cosas de su casa; Fernando Álvarez lo describe como un todólogo: desde carpintero, hasta mecánico o soldador. Trinidad Álvarez era un apasionado del ciclismo. Así lo afirma su sobrino.

“Cuando regresaba de con los oradores agarraba la bicicleta, daba la comunión a los enfermos y seguía paseando en ese medio de transporte. Cuando era joven llegó a ganar algunos torneos en la especialidad demostrando que era muy bueno en todo lo que hacía. También sería pertinente comentar que a él le gustaba el futbol y cada vez que podía lo practicaba. Sacerdotes contra médicos, seminaristas, abogados o demás, siempre trataba de estar presente. Obviamente como estaba tan ocupado, la mayoría de las veces no podía participar. Ya cuando estuvo en Tlacuitapan o Estación San Juan, ahí sí tuvo más tiempo para él. Aquí en Arandas las ocupaciones eran muchas y aún no puedo explicarme cómo le hacía para estar en todo”.

Por otra parte, hay que reconocer algo muy característico del sacerdote. Siempre fue querido por la comunidad arandense ya que era un gran ejemplo a seguir. Según Fernando Álvarez a él nunca le tocó escuchar algún comentario negativo de su tío. Quizás fue por ser familia, pero él no lo considera así y más bien cree que es porque Trinidad Álvarez nunca les falló a sus feligreses y siempre predicó con el ejemplo. “Si a tí te pedía que te levantaras a las seis de la mañana es porque ya estaba parado a las cinco, si te sugería que hicieras algún sacrificio es porque antes ya había hecho varios, entonces fue una persona que tuvo mucha caridad; tanta, que en el tiempo que estuvo aquí, manejamos cinco dispensarios en los cuales de alguna u otra manera estuvimos involucrados en todos ya que tenía la forma de convencerte y nunca le podías decir que no. Además siempre fue atento con la gente. Nunca rechazó un platillo por más pobre que fuera. Si tú le ofrecías frijoles, te los aceptaba con gusto”.

Hablando sobre su labor social, tendremos que mencionar sólo las más importantes, ya que lo que hizo Trinidad Álvarez es incontable. La gente de Arandas le debe el templo de San Pedro, el de la Providencia y el de Mexiquito. Fue él quien comenzó con el sueño del templo del Espíritu Santo. Incluso instaló algunas casas para religiosas, que se encuentran actualmente por el colegio Nueva España. Tuvo además labor participativa en grupos de pastoral o de matrimonios, y logró reunir a parejas que tenían fuertes problemas en su unión. También otra de sus grandes labores fue el abrir dispensarios para la gente más necesitada. Él conseguía las medicinas y a los médicos para ofrecer consultas. Sin duda Trinidad Álvarez se había convertido en un hombro para las familias arandenses más necesitadas.

J. Trinidad Álvarez: La vida al servicio de los demás

En los últimos años de su vida y en la etapa final de su enfermedad (cáncer), el doctor Fernando recuerda que le tocó estar muy de cerca. “Yo nunca escuché que se quejara y eso que a mí me correspondió aplicarle los esquemas de la quimioterapia y algunas cirugías. De hecho recuerdo en la última cirugía que hicimos, tuve que irle a quitarle los drenes ya que se encontraba en la notaría trabajando… ¡recién operado!”.

Un poco más abierto a platicar de la enfermedad de su tío, Fernando Álvarez mencionó que alguna vez le preguntó si él le tenía miedo a la muerte y el cura le contestó que no, que él tenía miedo al juicio de Dios y “de inmediato comenzamos a rezar el rosario a la virgen, de quien era muy devoto”, indicó Álvarez.

Finalmente y a destacar, es que el día de su muerte Trinidad Álvarez fue acompañado por 124 sacerdotes, un pueblo entero y sobre todo el cariño de cientos de personas que le demostraron en ese momento el aprecio que le tenían. Hoy se le recuerda a uno de los presbíteros más queridos de esta tierra colorada, siempre con la intención de que sirva como un ejemplo para todos.

Publicado en el tomo 1 de Perfiles de mi tierra colorada en septiembre de 2006.

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