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Vida Municipal: La importancia de los informes municipales

septiembre 15, 2012   |  Comparte tu comentario

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Qué bonito es el mes de la Patria… y de los informes municipales. A veces nada el pato y a veces ni agua bebe. Demasiada dicha para los alteños, ahora hasta los autoelogios presidenciales de cada municipio se rendirán en este mes próspero.

El informe municipal es una obligación que tiene cada presidente municipal, de darle a conocer al Ayuntamiento y a los habitantes de su municipio, los logros obtenidos por cada año de su administración, conforme al artículo 47, fracción VIII, de la Ley del Gobierno y la Administración Pública Municipal del Estado de Jalisco, que a la letra dice: “Rendir informe al Ayuntamiento del ejercicio de la administración dentro de los primeros quince días del mes de septiembre de cada año, en la fecha que se fije con la oportunidad necesaria, la que se hará saber a las autoridades estatales y a los ciudadanos en general”. También debe ser el informe de los desaciertos, de lo que se dejó de hacer y los motivos. Es el espacio en que se debe reconocer a los buenos trabajadores, por su nombre.

La mayor parte de las veces no sucede así. A pesar de ser eventos públicos, las personas no asisten porque los informes se convierten en una multitud de autoelogios a su trabajo realizado de primera autoridad en el municipio, se pierde la valiosa oportunidad de ser verdaderamente evaluadas las administraciones municipales por los ciudadanos.

Todos sabemos que cada presidente municipal informa del periodo de su administración, de lo que quiere y como quiere. Pensamos que se debería dejar un lugar para describir los fracasos, quiénes se opusieron a los proyectos que ayudarían a la población solamente por no convenir a sus intereses, el por qué de sus agresiones a los ciudadanos y también referirse a los motivos que obligaron a los titulares a dejar el honroso e histórico cargo de presidente municipal en pos de otro cargo público. Hoy, muchos interpretamos que son ambiciones de poder, en busca de más reflectores y una lluvia de dinero cada mes, ya nada más falta que en sus “dietas” les incluyan 25,000 pesos mensuales por sonreír a sus paisanos.

Este tercer informe tendrá la característica de que cada presidente municipal saliente le dirigirá unas palabras al presidente electo, quizá buscando piedad en los excesos de poder ejercidos. Unos con un estilo y otros con otras palabras buscarán el “no me olvides, por favor”. Qué interesante será escuchar de cada presidente municipal saliente con su estilo propio, solicitar se olviden sus fallas como gobernante, y justificarlas a su manera. Si fue un presidente chapulín que logró el salto perfecto a una curul, seguramente será perdonado. Al contrario, su mirada será como queriendo decir “aquí estoy, no te pases de listo”.

Y con los elogios oratorios le hará saber con una risita, “sí, sí, no se me olvida, te voy a ayudar”. Pero si el presidente dejó su oficina para irse de chapulín y perdió la elección, la zozobra de la evaluación de la cuenta pública, la traerá dibujada por muchos meses en el semblante. Para unos es una satisfacción el haber servido y para otros el desagradecimiento por haber ayudado. Todos los ciudadanos estarán pendientes de cada palabra que se exprese y gesto que se produzca.

La adulación será uno de los primeros enemigos a vencer por los presidentes electos y muy pocos presidentes municipales lo lograrán. ¿Quién se puede resistir a mirar un vestido bien acomodado, a una hermosa minifalda, a un cafecito bien caliente, a un elogio bien expresado?

Fue una agresión a los ciudadanos, que con su voto llevaron a los presidentes municipales al honroso cargo, que a las primeras de cambio se fueran siguiendo al deseo de más poder. Pero allí estarán en primera fila en el informe, recibiendo aclamaciones del presidente municipal que dejaron en su lugar, citándolos como creadores de la más pura inspiración presidencial de todo lo creado y por hacer. Como decía un cura de mi pueblo: “Cuánta vanidad”.

Espero equivocarme… Desearía escuchar solo verdades, palabras sinceras, situaciones reales, qué nos falta por hacer para tener empleo bien pagado, todos, para tener servicios públicos de primer nivel, para abatir por completo la inseguridad y vivir todos en la tranquilidad del trabajo arduo sí, pero también seguro.

Me interesa saber como alteño, qué pasó con la metrópoli que tanto se pregonó, por qué fue un fracaso, por qué no pudieron dedicarle un galón de pintura para marcar los carriles de la carretera, por qué no vaciaron un viaje de escombro para disminuir el tamaño de los agujeros.

Cuando se anunció la creación de la metrópoli conformada por los municipios de Jesús María, San Ignacio Cerro Gordo, Tepatitlán, San Miguel el Alto y rancherías que vamos pasando, en nuestros viajes a la tierra del tequila y del taco, me imaginaba que ya me encontraba en la orilla de dicha carretera inspirada en el amor alteño y escuchaba un ruido suave, uniforme, de los vehículos que iban pasando, parecido al sonido del avión que dura cuatro horas en trasladarse de Nueva York a Tokio, pero no, la realidad es que vuelan pedazos de llanta, tornillos y las exclamaciones de los choferes: “Ay, güey, me echaron por lo más hondo”. Las personas que van en la caja de camionetas que los llevan el domingo a la población más cercana, se van de un lado a otro, como si estuvieran en el jaripeo y quisieran que el animal no los aviente.

Cuando se nos entregó una carretera terminada, cabe mencionar que 14 kilómetros fueron construidos por empresarios arandenses, encabezados por don Félix Bañuelos, pensé que lo difícil era el mantenimiento y así es. Recuerdo el chiste ese de que cuando México descubrió mucho petróleo en su territorio, se le pregunta a Dios, ¿por qué les diste a los mexicanos tanto petróleo? y la respuesta fue, es que son mexicanos. Ahora la interrogante es, ¿por qué se nos dio una carretera tan bonita, que se iba a convertir en una vía muy peligrosa, por falta de mantenimiento y señales?

Lo que se hizo por las administraciones municipales está a la vista, pero lo que nos interesa saber es lo que se dejó de hacer y por qué motivos, así se valorará si es de beneficio para el pueblo y si vale la pena insistir en su realización. Sabemos que no tienen en estos momentos, algunos municipios, recursos para cambiar una lámpara, no digamos fusibles.

Me gustaría como paisano de la región alteña escuchar en los informes municipales dos cosas: Primero la verdad en torno a su administración y segundo por qué se cometieron tantos errores, a qué se debió, para poderlos entender y no pensar mal.

Tampoco quiero que se echen la soga al cuello y digan que ya tienen preparados sus negocios para cuando termine en septiembre su administración, tampoco quiero saber por qué sí pudieron poner un letrero visible, bonito, de su negocio en la carretera y en cambio el nombre de su municipio no existe.

Los informes municipales tienen que cambiar y ser dirigidos por los presidentes municipales, con la verdad, a su pueblo y no clavar la mirada y las palabras a las nubes, mientras las personas se preguntan: “¿Qué quiso decir?”. No podemos exclamar palabras abstractas, como ya se han dicho: “Si no fuera por el que tenemos sentado aquí en la primera fila, no seríamos nadie”.

La importancia de un informe municipal radica en que cada presidente debe hacer llegar con la verdad su mensaje de esperanza o dicho de la mejor manera, de la difusión de sus logros de obra municipal a los habitantes de las localidades más apartadas de su municipio y lograr que permanezca en su memoria el tercer informe de gobierno.

Presidentes van, presidentes vienen y muchos problemas siguen. Interprete el informe de su ahora presidente municipal, usted tendrá la razón, lo mejor siempre vendrá después.

Por Zócimo Orozco

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